¿No es irónico que vengamos de un ser humano, de una familia, o de un cuidador y después crecemos y se nos prepara para enfrentar dificultades de la vida y queramos resolver las cosas solos? ¿en qué momento algunos aprenden que pedir ayuda es igual a molestar? ¿Quién les dice que tienen que resolver las cosas sin ayuda?
A lo largo de mi práctica profesional me he encontrado con diferentes frases que mis consultantes me dicen:
- “Mi madre antes de morir me dijo que tenía que ser fuerte pero no puedo…” a lo que le cuestioné ¿Qué quiso decir tu mamá con que “fueras fuerte”? La persona se quedó pensando y concluyó “No lo sé ¿que me iba a quedar solo? es lo que pienso”
- “Lo menos que quiero hacer es preocupar a mi pareja” Me quedé pensando por un momento y le cuestioné: si tu pareja se enterara que tienes un problema pero que preferiste no pedirle ayuda porque no lo querías preocupar ¿qué te diría? Con un nudo en la garganta me respondió “Se sentiría mal porque no lo tomé en cuenta”…
- “No quiero dar lástima” me respondió cuando le pregunté por qué no se había apoyado en su familia en este momento difícil… ¿Por qué crees que darías lástima? Continué, “Lo que menos quiero es que me digan pobrecita” Me pareció que seguía dando una respuesta similar a la anterior así que indagué un poco más ¿alguien en tu familia se ha expresado de esta manera de otro familiar que necesitara ayuda? A lo que dijo “No, no que yo sepa.. no sé”
- “No quiero molestar a nadie” ¿Por qué piensas que se molestarían? Sorprendida por la aseveración le pregunté… Suspirando respondió: no lo sé, no sé en qué me podrían ayudar.
Todas estás personas sí tenían alguna persona que los pudiera apoyar y así lo hicieron. Tienen en común creencias como “pedir ayuda es creer que no se puede” o “pedir ayuda es mostrar vulnerabilidad” “no poder enfrentar una dificultad es sinónimo de fracaso o mediocridad” o en resumidas cuentas, pedir ayuda lo asocian a dependencia, mediocridad, fracaso. Otro aspecto que encuentro en común es la sobreexigencia y la crítica, usualmente ejercida por alguno de los padres, por compensar algo en lo que creen que no son “buenos” o “suficientes”, aclaro que habrá sus excepciones y esto sólo es parte de mi experiencia en consulta.
Con algunos de los mencionados consultantes hemos terminado un proceso terapéutico y con otros sólo hemos coincidido al finalizar el año, y me gustaría compartir la siguiente reflexión: tus seres queridos no sólo te quieren en las buenas; podemos verlo de la siguiente manera: tus seres queridos son como un equipo, cada uno puede apoyarte de diferentes formas y en diversos momentos. ¿Has visto el box? El boxeador se sienta en la silla, un sujeto le da agua, otro le seca el sudor, otro le limpia las heridas… A estas relaciones interpersonales en las que os podemos auxiliar, los psicólogos les llamamos red de apoyo, hay de diferentes niveles: primarias (familiares, amistades, las relaciones unidas por el afecto), secundarias (asociaciones civiles, institucionales, religiosas, servicios, grupos de ayuda, servicios de salud incluidos la psicoterapia, legales, académicos…) ¿Te das cuenta que, en realidad, no estamos solos?
Para algunos este año significó enfrentar retos y dificultades, algunos de índole económica, otros de duelo o pérdidas de un trabajo, de un matrimonio e incluso de rutina, entre otros, y aunque admiro la capacidad de tener altos valores de responsabilidad, de autonomía y autosuficiencia, reconozco que hayan permitido que los amen y no nada más en las buenas.

